
Estoy convencido de que algún día sábado entraré en la web del NYTimes y me encontraré la pésima noticia de que este señor, su bicicleta y su cámara ya no pasearán más por las calles de Nueva York. Los tres llevan unos cuantos años inmortalizando siempre los mejores atuendos, los más divertidos, las mejores situaciones… Y si escribo esto es porque también estoy convencido de que algún día mientras paseo con uno u dos hijos me dará en la cara un cartel, más o menos diseñado, de alguna fundación o museo con un Bill Cunningham enorme escrito con FF DIN Alternate Bold y entonces todo el mundo (aquí) dirá lo genial que es, lo mucho que molan sus fotos blabla… Tonterías, ya mola ahora, así que empezad a conocerlo y apreciarlo.
Si algún día estáis en Nueva York en la 5ª Avenida, por ejemplo, y de repente alguien os dice Hiya, muffin! y oís el obturador de una cámara cerrándose, consideraos afortunados ya que probablemente sea él. Bill Cunningham, que ahora es un entrañable señor mayor de chaqueta azul, nació en Boston en 1928 y vivió allí hasta que con 19 años se mudó a Nueva York, después de estar un año en Harvard. No siempre fue fotógrafo, trabajó como almacenista en Boston en varias tiendas, estuvo en el ejército y, cuando salió, empezó a hacer sombreros, tocados, máscaras y todo tipo de elementos decorativos. Los sombreros siempre le gustaron, eran su principal entretenimiento los domingos en la iglesia. A principios de los 60 montó una pequeña tienda en Southampton (Long Island), establecimiento que le sirvió como vivienda, durmiendo en una cama plegable y cocinando en un pequeño hornillo eléctrico. Ya ahí vivía con lo mínimo, un par de pantalones caquis, una camiseta y un par de calzoncillos en una percha. Pero la sombrerería no le debía de ir muy bien y empezó a trabajar como reportero para el Women’s Wear Daily y posteriormente actuó como corresponsal de moda freelance para el Chicago Tribune donde ya empezó a viajar anualmente a Europa. Poco a poco, a lo largo de muchas colaboraciones freelance, Cunningham se fue dando a conocer gracias a sus crónicas de los desfiles que cada vez tenían más imágenes y menos texto. De cómo empezó lo de las fotos hay dos versiones, en una un fotógrafo británico del NYT en París le sugirió que sería mejor utilizar fotos en lugar de tomar elaboradas notas; en otra versión el ilustrador de moda Antonio López le dio su primera cámara. Por cierto, Bill utiliza la misma cámara desde 1978, ojalá mi EOS 1000D durase la mitad de eso.

En Nueva York es muy conocido y dicen que no es difícil verlo con su antigua bici, cámara en mano, dando vueltas con el ojo siempre atento a pesar de estar 30 horas semanales en la calle. Sus fotografías no tienen nada que ver con el arte, son simplemente el medio para mostrar lo que él quiere contar, sin rodeos. Simplemente está ahí, esperando y observando. Y ha observado mucho, tanto que es considerado un historiador de la moda y la vida de Nueva York de los últimos 40/50 años, y ya están preparando un documental sobre él, que el año pasado fue nombrado caballero de la Orden de las Artes y las Letras de Francia. Pero aquí viene lo bueno, porque a pesar de todo el reconocimiento, lo famoso que se ha hecho en el mundillo de la moda, las celebrities y, ahora, el mundo del street-fashion, él sigue ahí, con su publicación dominical, comportándose humildemente, saliendo a las calles de Manhattan haga el tiempo que haga. Calles en las que sigue actuando con timidez a la hora de disparar, a pesar de hacer lo mismo desde la Segunda Guerra Mundial.
Nada de mega-campañas, ni crear tendencias, ni libros ni, evidentemente, entrevistas. Es admirable, la humildad, su carácter afable que yo sólo puedo imaginar por los comentarios y su risilla inocente de los slideshow tan perfectísimamente narrados. Ahora alguno de los 20 que visitan cada día este sitio estará pensando “Eso te lo parece a ti, igual es un creído y por eso no lo hace“, pues no. Bill no pudo conseguir una invitación para la investidura de Obama ¿y qué hizo? Coger un tren a Washington y plantarse allí en la calle como uno más, consiguiendo uno de los mejores reportajes que ha tenido en los últimos años y que curiosamente no tiene casi nada que ver con la moda.
Sobre su propia moda, lo han tachado a menudo de espartano y excéntrico, puesto que casi siempre lleva el mismo estilo (jersey azul y pantalón beige), pero ¡ah, ineptos! Viste así por un motivo: para camuflarse a la hora de sacar fotos, algo de lo que tienen mucho que aprender los coolhunters de hoy en día. Además de vestir sencillo, no quiere grandes lujos, ni hoteles caros, ni super-cámaras digitales… “Small upkeep, small worries” dice.
De lo que va a pasar con todo su archivo fotográfico, que cuidadosamente guarda en su estudio de Carnegie Hall, nada se sabe, pero son casi 40 años de fotografías sobre la vida, los tiempos, la sociedad, Nueva York… Yo, aunque a él no le guste, espero que algún día publiquen un mega-libroDVD recopilatorio con sus fotos, incluso esas que nunca ha publicado (la mayoría según él).
If the pictures have any distinction it’s because of the subject, not the photographer. Bill Cunningham
Más info: Hurray! For Bill Cunningham! | Entrevista: Parte 1 y Parte 2 (formato RealPlayer) | Hilo sobre Bill Cunningham en The Fashion Spot (Muy recomendable para ver todos los slideshows)

es genial! gracias por la ref ^^
parece claro que de aquí a unos años todos el mundo se estará volviendo loco organizando retrospectivas de este señor, libros dvd y demás parafernalia.
Yo creo que sí, además tiene ese toque extrovertido que tanto gusta a revistas como El Semanal. Yo estoy esperando el documental ese, a ver qué tal, cuando lo encuentre avisaré.
Curradísimo.
:)
Celebro tu vuelta.
Este hombre es maravilloso. De veras. Y sus fotos, que se publicarán, digo lo mismo.