Lo que más me gustaba de aquel museo era que todo estaba siempre en el mismo sitio. No cambiaba nada. Podías ir cien mil veces distintas y el esquimal seguía pescando, y los pájaros seguían volando hacia el sur, y los ciervos seguían bebiendo, y la india del pecho al aire seguía tejiendo su manta. Nada cambiaba. Lo único que cambiaba era uno mismo. No es que fueras mucho mayor. No era exactamente eso. Sólo que eras diferente. Eso es todo. Llevabas un abrigo distinto, o tu compañera tenía escarlatina, o la señorita Aigletinger no había podido venir y nos llevaba una sustituta, o aquella mañana habías oído a tus padres pelearse en el baño, o acababas de pasar en la calle junto a uno de esos charcos llenos del arco iris de la gasolina. Vamos, que siempre pasaba algo que te hacía diferente. No puedo explicar muy bien lo que quiero decir. Y aunque pudiera, creo que no querría.
El guardián entre el centeno, de J.D. Salinger.
Hoy vuelvo a Ferrol, mi ciudad de estudiante. La foto es de mi compañera de piso, Inés, desde nuestro Palacete™ en uno de esos idílicos amaneceres de proyecto. Con amaneceres eléctricos o sin ellos, Ferrol es una ciudad que no cambia nada, en algunas zonas parece que se ha detenido el tiempo. Los de allí defienden eso como su patrimonio histórico y cultural, además de las procesiones de Semana Santa. Y no me parece mal del todo, excepto porque en algunos de esos patrimonios tiene que pasar la gente a diario e incluso vivir dentro. Cualquier día se me caerá una cornisa de la década de los 50 en la cabeza y dejaré de twittear. Pero en realidad me da igual que no cambie el escenario, porque cada año la situación, mi situación, es completamente distinta a los años anteriores.


Dos cosas:
1º Hay que hilar muy fino para ser capaz de unir de algún modo a Salinger con Ferrol.
2º Ánimo.
Si cambias tú, cambias tu percepción de todo, por lo cual, todo cambia. Mainly.
Me quedo con “Llevabas un abrigo distinto, o tu compañera (de piso) tenía escarlatina”.
Sí, la tenía.
Un bonito post…cada día que pasa nosotros cambiamos acusando la influencia del exterior en nosotros…tu enriqueces Ferrol con tu presencia y seguro que ésta a ti te aporta algo, a parte de una compañera con escarlatina!
Slds
Lo mejor del cambio es el cambio de uno mismo. La consistencia a través de los planos y la coexistencia.
No tiene mucho que ver y si que lo tiene, una vez oí decir a alguien, no recuerdo quien, que las cosas cambian pero que cambian de una forma muy curiosa. O sea que con la cantidad de planos que hay en la tierra y en el mundo, cada día hay que dar gracias a Dios porque el gel siga ahí y no, por ejemplo, haya mutado en rinoceronte asesino.
Uno aprecia más la continuidad si piensa eso. :p Un beso