
“Claro es que las cosas han cambiado y que el ofrecerle hoy el paraguas a una señorita desconocida que está esperando el autobús bajo la lluvia, puede exponerle a uno a graves consecuencias, en razón de que también la señorita pasó de ser fuente inspiradora de madrigales a ente mecanizado y ortopédico; lo que no obsta para que algún menestral, en las formas rutinarias y sobrevivientes del lenguaje cortés, llame “mi señora” a la mujer a quien da una tunda de vez en cuando; que un repulido empleado de banco se refiera a “una dama” hablando de la prójima con quien piensa cometer desaguisados de alcoba, o que el caballero que es “una monada” en sociedad resulte un bruto con sus subordinados.”
Estoy leyendo un libro escrito por Eduardo Blanco-Amor (indies, superad esto) entre enero de 1952 y 1955 sobre la educación, el saber estar y el protocolo que lleva por título Las Buenas Maneras. Este es un extracto del inicio del libro, del que seguramente publicaré alguno más. Es tan rancio en su lenguaje y en su forma de ver el mundo que choca con el lenguaje que gasta el autor y que recuerda a un monólogo de hoy en día.
Me encanta el hecho de haberlo encontrado en el sótano de la biblioteca del barrio y que tan sólo haya sido prestado dos veces, en febrero del 93 y en enero del 94, con lo que el libro estuvo 14 años allí, sin que nadie lo llevase consigo. Y deberían, porque el libro es divertido e instructivo.
La imagen que acompaña esta entrada es del excelente blog El Aristócrata, que es lo que Eduardo Blanco-Amor leería hoy en día.

!Hola!
La verdad es que la educación, el protocolo y el saber estar son fascinantes.
Vivimos en una época en la que la buena educación es motivo de mofa y los educados son tachados de ególatras enfermos anclados en el pasado. Capitalistas fascistas que se regodean de lo facineroso.
La buena educación nos facilita la vida. Y, claro, también saber quién pertenece a un mundo y quien al otro. Lo curioso es que en la democratización de la cultura (lo pienso decir sin reirme) (no, no puedo) la buena educación haya quedado como algo para snobs y algo oxidado y ridículo en vez de algo de lo que todos deben aprender. Ahora se ve como dificultarnos la vida porque es más fácil tirarse en el sofá que sentarse erguido.
Vaya sociedad. No digo más.
Un beso
Ese libro es la ostia, yo lei fragmentos en clase de Literatura del siglo XX en el Insti.
Aunque ese fulano escribió también “A Esmorga”. El cual es totalmente distinto a este. Mucho más sucio.